Continuación de Monday, behind a window.~ Lunes, tras el cristal de una ventana.

It was Wednesday. In the morning I was gone walking at long last , and nothing foreshadowed what happened later. I had been several days without going out, if not weeks or months and the Saturday before the idea of looking for job, which told me the psychologist, created such a level of helplessness and incomprehension in me that I ended up taking 20 antianxiety pills to stop my mind, even for some hours.

But it had already been elapsed four days and even on Sunday I decided to go to Granada to spend three days in a hostel with the idea of  walking in a different place to not let me downnot. My son, who has a great intuits, decided to come to watch out of me, thus advantage to skip classes with my consent. But fate, or my impulses did not give me respite. In less than an hour, a discussion of less than 5 minutes between mother and daughter made my world collapsed to the point that I felt a tiny speck of dust, which anyone can trample without even seeing it. That was I, in bed, and then in the kitchen for pills. It spent half an hour or maybe just 5 minutes, I do not know, and  the intake of 90 pills  seemed insufficient to calm my pain. Then the idea became, I should punish me, I had to  hurt me as I was not doing my job as a mother or as a person. The idea grew and grew in me until there is no other thing in me than the desire to see the blood running in my wrist and with a little luck, who knows, maybe the injury was serious. That game of life and death catches me in their networks constantly and this time a voice inside me said- ‘ get up, grab something to cut and hurt yourself’. Again and again, again and again and again. Among shivering  I wrote a message “please come and take everything that cut me home.” In less than 5 minutes Tere was knocking on the door and then Gustavo. All of us decided to go to the doctor to they could controll the desire.

Upon arrival at the health center I had two doctors around me, three nurses, serum with an antidote on my arm and the ambulance waiting. In seconds the pills began to take effect and was unable to open his eyes or to answer questions.

The guy of the ambulance, which had already taken me to the hospital in another occasion, asked me my name. I heard it farther and farther and more until all seemed like a dream. I was in the ambulance, the hospital unit Loja in critical states with doctors and nurses taking care of me, injecting me, performing analytical, and there already returned to recover, my tolerance for pills is already enormously creepy even for me. I only was sleepy, I wanted to sleep, not to think, to be quiet and so I spent the night in a spacious room hospital Loja.

At midnight I woke up to the voice of a nurse who could not decipher saying but I had my brother at his side, my side, and that I also found a dream, but I knew it was true, my words did not have much logic, I said something like “Uiff, seems a puzzle of these tetris”. And so I spent the night in which the world went and came to me.

At dawn I returned to stay alone in the room until a the ambulance came  to transfer me to the hospital in Granada, to enter the psychiatric unit.

And there began another new experience in my life, those that leave their mark, of which I think everyone should experience at least.

Más en español

Era miércoles. Por la mañana había salido por fin a caminar, y nada presagiaba lo que ocurriría más tarde. Llevaba ya varios días sin salir, por no decir semanas o meses y el sábado anterior la idea de buscar trabajo que me comentó la psicóloga me creó tal nivel de impotencia e incomprensión  que terminé tomando 20 pastillas de ansiolíticos para poder parar mi mente, aunque fuera unas horas.

Pero ya habían pasado cuatro días e incluso el domingo decidí ir a Granada y pasar tres días en un hostal por pasear y cambiar de aires, buscando no caer en picado. Mi hijo que todo lo intuye decidió acompañarme para vigilarme, aprovechando de ese modo poder faltar a clases con mi consentimiento. Pero el destino, o mis impulsos no me dieron tregua. En menos de una hora, una discusión de menos de 5 minutos entre madre e hija hizo que mi mundo se derrumbara hasta el punto de sentirme un grano minúsculo de polvo, que cualquiera puede pisotear sin ni siquiera verlo. Esa era yo, en la cama, y al momento en la cocina en busca de las pastillas. Pasó media hora o quizás sólo 5 minutos, no lo sé, y la ingesta de 90 pastillas parecía insuficienente para calmar mi dolor. Entonces surgió  la idea, debía castigarme, debía dañarme ya que no estaba haciendo mi labor como madre, ni como persona. La idea crecía y crecía en mi, hasta no existir otra cosa en mí más que ese deseo de ver la sangre correr en mi muñeca y con un poco de suerte, quien sabe, quizás la lesión fuera grave. Ese juego de vida y muerte me atrapa en sus redes continuamente y esta vez una voz en mi interiordecía,  levántate,  coge algo que corte y hazte daño. Una y otra vez, una y otra vez y otra vez más. Entre temblores escribí un mensaje ” por favor, ven y llévate todo lo que corte de mí casa”. En menos de 5 minutos Tere estaba tocando a la puerta y al momento Gustavo. Les conté y decidimos ir al médico para que me calmarán con la idea de controlar ese deseo.

Nada más llegar al centro de salud tenía dos médicos a mi alrededor, tres enfermeras, el suero con un antídoto en mi brazo y la ambulancia esperando. En segundos las pastillas comenzaron a hacer efecto y era incapaz de abrir los ojos ni de responder a las preguntas.

El chico de la ambulancia, que ya me había llevado al hospital en otra ocasión, me preguntaba mi nombre. Yo lo oía  a lo lejos y más lejos y más hasta que todo parecía un sueño. Yo en la ambulancia, en el hospital de Loja en la unidad de estados críticos con médicos y enfermeras cuidando me,  inyectandome, realizando analíticas, y ahí ya volví a recuperarme, mi tolerancia a las pastillas ya es enormemente escalofriante hasta para mí. Sólo tenía sueño, ganas de dormir, de no pensar, de estar tranquila y así pasé la noche en una amplia habitación del hospital de Loja.

A media noche me desperte ante la voz de una enfermera que no conseguia descifrar que decía pero tenia mi hermano a su lado, a mi lado, y eso también me pareció un sueño, aunque sabía que era realidad, mis palabras no tuvieron mucha lógica, dije algo así como ” Uiff, parece un puzle de esos del tetris”. Y así pasé la noche en la que el mundo iba y venía a mí.

Al amanecer volví a quedarme sola en la habitación hasta la llegada de una a ambulancia que me traslado al hospital de Granada, para ingresar en la unidad de psiquiatría.

Y ahí empezó otra nueva experiencia en mi vida, de esas que dejan huella, de las  que creo que todo el mundo debería experimentar al menos por unos días. ¿Las razones?. Las iré contando.

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